miércoles, 28 de octubre de 2009

El 4º suicidio de Hughes

Sylvia Plath es (era) una poeta norteamericana. Como casi todas las poetas, Plath era un tanto coja en sus relaciones personales. Aunque ella, también como casi todos, un día creyó que había resuelto todos sus problemas al enamorarse del imbécil (y gran poeta) de Ted Hughes. No sé cómo se dejó engañar pero un tiempo más tarde se casaron, dios mediante, en el año 1956. Bohemios, escritores y desahogados en deudas como eran, optaron por una de esas lunas de miel que empiezan en junio y acaban en octubre.
Ella ya era entonces una mujer de éxito, una poeta y escritora que disfrutaba de aquel paraíso mediterráneo al que había viajado con Hughes tras casarse. Era tan feliz al borde del mar que describió su retiro como un lugar "donde los almendros son negros y se retuercen sobre el paisaje inundado de blancura, con la claridad de la luz blanqueada de la discordia, no luz de día, sino un daguerrotipo beis, desteñido". Sea como fuere aquellos tres meses le dieron para escribir la mayor parte de un libro, la remendadora de redes, y para empezar a darse cuenta de que el bueno de Hughes en realidad no era tan bueno.
Aun así, tuvieron dos hijos, Nicholas y Frieda, se fueron a vivir a Inglaterra y tuvieron cierta estabilidad. Estabilidad que se rompió por las múltiples infidelidades de Hughes, la más sonada la de Assia Wevill (esposa a su vez de otro poeta). Así las cosas, Sylvia no pudo más. En el año 63, ahogada por el frío londinense, la educación en solitario de su prole y el mal funcionamiento de su roto corazón, Plath dio el desayuno a sus hijos y después se suicidó. No fue la única, años más tarde, Assia Wevill incapaz de soportar su tormento con Hughes abrió la llave del gas y se dejo matar, llevándose con ella a la hija de ambos. La marca negra de la historia se magnificó cuando en marzo de este año el hijo de Plath, Nicholas se echaba la soga al cuello.
No nos salen las cuentas, pensará el lector. Assia, Sylvia y Nicholas sólo son tres suicidios. Espero que el respetable quede cual piedra sobre terreno recalificado cuando descubra que el pueblo idílico y pesquero que vivió la época más feliz de Sylvia Plath no fue otro que Benidorm.

3 comentarios:

  1. Me gusta.
    Qué historia más trágica.
    ¿Me recomiendas alguna lectura de Sylvia?

    besazos!

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  2. Benidorm? Pues eso es porque la tal Sylvia no pasó primero por Aspe...
    Y el otro tonto... fíjate que si se hubiera muerto al nacer habría tres almas vivas más... parece que compensa.

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  3. Bueno, yo diría que lo de Benidorm podría calificarse de asesinato más que de suicidio...aunque ella se haya dejado matar. Gran texto Torres.

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