lunes, 30 de noviembre de 2009

Consumo o Muerte

Lo anunciamos, ya están aquí, las luces navideñas deslumbran la ciudad desde el viernes. Además, por si fuera poco y como si Gallardón fuera el malo de la peli de Los Vengadores, el frío invernal ha salpicado de lleno a Madrid en el mismo fin de semana en que el ambiente navideño irrumpía en las tiendas, plazas y calles. Jugada maestra, un movimiento de peón para dar jaque al rey de la crisis: el consumo. A juzgar por el ávido canibalismo ritual que alimentaba a las viandantes mayores de 60 el mundo sí se acaba en 2012, aunque yo casi dudo de que pueda sobrevivir a diciembre.
Soy un atrevido. El aburrimiento y esa ausencia de miedo que me caracteriza los sábados que no tengo resaca me colocaron en pleno centro madrileño a las 7 de la tarde. Eso sí, caminaba extasiado por algún grupo guiri mientras mantenía la posición yoga de autista auditivo, es decir con el mp3 a todo lo que da para no tener que escuchar conversaciones ajenas. Aun así tuve que sortear a hordas de hombres y mujeres dispuestos a todo por no volverse a Fortuna, Macisbenda o Calasparra sin su compra perfecta. Esa que te puedes comprar en un centro comercial de Murcia pero que aumenta su valor si le cuentas a la peña que te la has rifado en Madrid. Si el Madrid entrenara sus regates los fines de semana en la Gran Vía hubiera ganado al Barça por goleada.
Daba gusto ver como se agolpaban los compradores en los semáforos. Sin embargo, otras luces, las de la policía nacional, quisieron aguar la fiesta a los mártires del paso de cebra. Subían raudas por Callao a la caza de algún delicuente y quiso el azar que el semáforo de los peatones estuviera en verde en ese mismo momento. Ante tal choque de intereses los nacionales tuvieron que parar, obviamente nada detiene al espíritu navideño. He de decir que la vez que más cerca he visto a la masa española de una revolución social que ni la de la toma del Palacio de invierno fue cuando el señor policía utilizó la megafonía para poco más que mandar cuidadosamente a tomar por culo a los peatones que no atendían a razones. Supongo que en el fondo Smith y Marx jugaban juntos al mus.

2 comentarios:

  1. Ya un un sábado cualquiera la Gran Vía madrileña (que yo comparo con el Paseo de Gracia o la Calle Pelayo catalanas) puede ser un torbellino de viandandes ansiosos por encontrar la baratija del momento, un sábado pre-navideño se convierte en toda una vorágine de consumidores, parecen osos recién salidos de la hibernación buscando pescado fresco que llevarse a la boca. Ni la Nacional, ni la Benemérita, ni el Espíritu Santo con cuerpo de avestruz podría detenérlos.

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  2. Pues aquí, la gran vía aspense, o sea la avenida de la constitución, sigue exactamente igual que siempre. Se ve que en los pueblos hasta que no nos encienden las luces no nos damos cuenta de que es Navidad. En cuanto pongan el Belén del ayuntamiento seguro que nos da ya la fiebre de las compras...

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