miércoles, 16 de diciembre de 2009

Diciembre agresivo

No sirve. Por mucho que se adelante el extracto bancario de la navidad, el espíritu navideño está todavía hibernando en el cajón de alguna multinacional. Si no cómo se explica que atizaran la misma semana a Berlusconi y a Herman Tertsch. El mundo está loco, cuánta inquina desmedida. Primero a uno le imprimen en la cara el bajorrelieve de la catedral de Milán y, después, al otro, le pegan una paliza turbia y se arma un pitote mediático del copón. No seré yo el que justifique la violencia en ningún caso y menos contra dos personas que superan los 60 años. Es más, las agresiones me parecen más repugnantes que merendar all bran con Alejandro Sanz.
Primero, porque al menos en los colegios públicos nos enseñan a no pegar a la gente. Segundo, porque todos hemos sentido alguna vez ganas de matar a cualquiera, incluso a nosotros mismos, pero no por ello podemos atizar un zacatrás en toda la boca (así no pago derechos de autor) al primero que nos venga en gana.
Además por si fuera poco hay una tercera razón: lo que menos necesitaba la Comunidad de Madrid, con el caso del señor Tertsch, era que Telemadrid tenga mártires caídos por la causa de la derechona intención de evangelizar a los rojos. Siempre hay alguien que saca tajada de estas cosas. Mucho me temo que la cadena autonómica, para esto la señorona Esperanza Aguirre si gasta dinero público, va a exprimir hasta el día del juicio final su veneno. En el caso de Italia, la izquierda no gana nada, el caso es que tampoco creo que la derecha este para tirar cohetes. Berlusconi no entiende porqué tanto odio y sin embargo, paradójicamente, haber recibido ese golpe en la cara ha sido su medida más acertada de toda la crisis. El cavaliere ya no podrá lucir palmito durante un tiempo pero, en cambio, si podrá presumir de haber activado el pequeño negocio. La venta de réplicas de la Catedral de Milán se han disparado.

viernes, 11 de diciembre de 2009

¿Juego limpio?

El cielo clamaba su venganza. Rayos y truenos andorranos serpenteaban al tiempo que ella silueteaba su angosta figura en la ventana. La imagino acariciando al perro más feo del mundo creyendo haber planeado el golpe definitivo al fisco nacional y a las cremas depilatorias para bigotes. Orgullosa de su pasado deportivo, incluso delirando al creerse la mujer más fuerte del circuito hasta la llegada de las Williams, Arancha Sánchez Vicario se creía a salvo de retenciones en las rentas. Sin embargo, a ese país exento de impuestos no le llegaban las noticias que se cocían aquí, al sur del sur de la frontera.
Amigos, no admito contemplaciones, odio a la gente hipócrita y hoy por hoy (SER copyright no se enojen señor don Francino) la coronela del funesto ejército de los hazloquedigoperonoloquehago es la señorona Vicario. He aquí otra de las moralinas por las que no os cobro: Lectores ,detesto el patriotismo exacerbado que rodea al deporte pero todavía me jode más que ese patriotismo sea sólo figurado. Hacienda reclama a la extenista casi 4 millonacos de euros (un euro por cada parado) que birló, esperemos que no con su frugal sensualidad, a todos los españoles, sí, a todos, al no contribuir con sus impuestos pero si beneficiarse de nuestros esfuerzos.
Lo peor es que la tenista hace unos días se permitió decir que Agassi había hecho muchísimo daño al tenis (palabras textuales de una fraudulenta) por reconocer haber consumido drogas y haber jugado con peluca (Chapeau señor Andrea). FALSA, que eres una Falsa . Perdonen este arrebato dragqueen choni de barrio que me ha poseído, pero no lo soporto. Deberían poner los puntos sobre las íes en estos asuntos, lo mismo que a esos integristas de la fórmula uno que vienen a amamantar el ardor guerrero nacional aupando al callejón de la gloria a Fernando Alonso. Es vomitivo que estos mamones, con perdón del resto de mamíferos, vengan a darnos lecciones de patria y se conviertan en el orgullo de España por sus gestas personales cuando fijan sus residencias en otros países para no aportan lo más mínimo a nuestras arcas. No os dejéis llevar por mi odio y penséis que todos son iguales. Mirad por ejemplo a Nadal, paga sus impuestos religiosamente en España y además no tiene a ningún calvo de la Sexta dispuesto siempre a un beso negro.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Danzad malditos

Cuando era algo más joven y tocaba el clarinete en la calle siempre había algún cateto integral de tomo y lomo tamaño estándar edición limitada que se ponía delante a danzar y hacerme burla con las manos. Esos pífanos del siglo XXI utilizaban su grotesco sentido del humor y su nulo sentido del ridículo para tratar de hacerme sentir ínfimo. Obviamente, con una mezcla de incomodidad y de vergüenza ajena, no conseguían más que hacereme reflexionar sobre la efectividad de las reformas educativas en este país.
Hoy lo he vuelto a experimentar. Estaba apoyado en una valla mientras un compañero grababa una cúpula con su cámara y de repente el demonio se ha manifestado escondido tras un rapado con el coeficiente intelectual de una cabra. Me ha hecho los mismos gestos risueños que aquellos varbilampiños gamberros de mi infancia. Qué recuerdos, por mi mente han pasado gentes con mote de hortalizas o embutido, chándales con un sobrenombre escritos con oro en el olimpo de la tontuna y hasta aquellos gamberros fascistoides que se las daban de machos y ahora necesitan ayuda para rellenar un formulario.
Tras no darle demasiada importancia proseguimos nuestra jornada laboral que casi por inercia terminamos frente al Congreso de los Diputados. Mientras vuelvo a la redacción reconozco a Pujalte, ese otro bigote del PP, entre los viandantes que remontan la carrera de San Jerónimo. Probablemente si nos hubieramos puesto a grabar Pujalte se hubiera atusado el pelo y hubiera hecho gala de su sonrisa socarrona. Sin embargo, no se por qué pero estoy casi convencido de que tal vez si yo hubiera tenido un clarinete entre manos Pujalte hubiera bailado y gesticulado para burlarse de mí.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Enric y el Calcio

Me lo han recomendado muchas veces. En los círculos progres por sus historias londinenses y neoyorquinas, en los círculos periodísticos por sus Historias del Calcio. Sin embargo, con el sopor que provoca en un asiduo a la lectura la lectura de libros muy recomendados (porque en eso es como los camellos: todos tenemos a una persona de confianza que nos recomienda y del resto nos fiamos poco) nunca me había atrevido a leerlo. Coincidió la suerte, mi visita al baño y que un amigo olvidara el libro en la cajonera para que ojeara alguna de sus crónicas. Sin ahondar en la escatología (que tanto detesto) diré que tuve que aplazar toda acción para seguir leyendo.
El libro habla de fútbol, sin embargo, el balón es en realidad sólo un pretexto. Estoy casi convencido que cualquiera que no soporte un sólo partido e incluso aquellos que odian el deporte podrían disfrutar con su lectura. Enric González es exquisito en sus retratos. Gracias a ellos me he enterado que Totti, un tipo al que toda italia señala como el más borderline de todos los deportistas universales, fue capaz de editar un libro que incluía Los mejores chistes de Totti contados por mí, en el que no sólo se burlaba de él mismo (brutal el chiste de la biblioteca) si no que además donó todo el dinero a los ancianos de Roma y a Unicef.
Escribo este artículo ya no por eso, si no a que gracias a mi amigo que está leyendo el libro llegué a ésta cita: "Cassano no es de los que rematan al bulto: eso es periodismo. Tampoco piensa en cómo ha llegado ahí el balón y en cómo marcar: eso es novela. Por supuesto, no busca el penalti: eso es ensayo.Los pies de Cassano intuyen y sienten: adivinan dónde hay un vacío, cuánto se puede esperar, quién está en cada lugar y por qué. Y, mientras marca, ríe. Además de feo, es cruel y desconsiderado. A Cassano, poeta, habrá que disfrutarlo mientras dure".
No se emitir juicios de valor más allá que los motivados por mi bilis, sin embargo, he de rendirme a esta comparación cual Boabdil a los Reyes Católicos. Primero por lo literario, segundo porque ¿quién no se ha dejado engañar por la risa de un poeta? Que más da si futbolista, que más da si funcionario, siempre hay una sonrisa y siempre hay un poeta del que disfrutar mientras dure.

martes, 8 de diciembre de 2009

De ciudades

No quiero yo avivar el fuego de los gustos urbanos, esos que nos hacen elegir entre Barcelona o Madrid, colocar en una lista París por encima de Roma o defenestrar a Londres por debajo de Murcia. Si señores, y no lo digo con sorna, en éste apartado toda apreciación es válida. Creo firmemente que al fin y al cabo las ciudades son simplemente lugares donde habitar. Bien sea en la agresiva Madrid o en la halagüeña Córdoba. Supongo que acostumbrado a caminar por unas calles olvidas que estás frente a x palacio mandado a edificar por x rey, que junto a ti se alza un capitel bañado en oro o que la casa en la que has parado a atarte los cordones es en la que nació tu abuelo. Sin embargo, las ciudades no sólo son calles, puertas y ventanas, son también ramales de nostálgia y nichos de música que nos abanican el placer o nos provocan la máxima de las animadversiones.
Madrid, por ejemplo, tiene un centro que huele a orín y un ambiente que se descorcha con la misma bravura con la que pierde el gas, a pesar de ello, y de que maltrate a sus habitantes, es adorable y divertida. Alicante es plácida como las ciudades que miran al mar aunque sus políticos atenten contra el buen gusto (el último caso: ese puticlub verbenero de uso exclusivo para pijos e infames que se llama Casino). Valencia tengo entendido es un nudo de varias ciudades que es capaz de encerrar lo mejor y lo peor en cada uno de sus requiebros, Aspe un lugar donde todo el mundo sabe lo que pasa a pesar de que nunca pase casi nada inusual. Aun así, todos tenemos nuestros motivos para amar u odiar un barrio determinado a una hora determinada.
Por eso creo que, dentro de unos márgenes entendibles, las listas de ciudades que hablan de que Y ciudad es mucho mejor que N con un absolutismo que ni Luis XVI las hace un muermo de tío o una pija sarnosa de esfinter flojo que, desde su incredulidad y su amargura por no haber recibido cariño desde los dos años, es incapaz de discernir entre la belleza de las construcciones y el caudal de sentimientos que circula por un barrio o por una manzana. Así las cosas, ante el fascismo listero (esas listas de listos), proclamo que mi ciudad favorita nunca será dos veces la misma.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Visca la farra

Estamos perdiendo el norte. Pase que nos de bastante grima ver a un setentón como Berlusconi empinar el codo y achuchar fulanas en una villa italiana. No sólo porque sus arrugas deben esconder algún pito desnudo, si no porque huele a chanchullo político que tira para atrás, sólo superable en el hipotético caso de que el honorable Camps gobernase Las Vegas. Sin embargo, que la prensa deportiva y los fanáticos del deporte ataquen a Joan Laporta (al que algún inculto y atrevido locutor de esos que pronuncian con f las v en holandés llama Juan La Puerta) ataquen al presidente del Barça por salir en una foto con un puro, unas copas de más y alguna que otra señorita cerca me parece repugnante.
Es decir, si usted tiene animadversión contra los nacionalismos y la senyera le provoca sarpullidos, me parece bien que critique al aura independentista del presidente del FC. Barcelona. No obstante, no creo que sea justificable el empleo barriobajero de unas imágenes para vengarse en nombre de Don Pelayo y del Apostol Santiago de un concepción distinta, ni mejor ni peor, de este nuestro bien amado país. Vamos, que yo no me caso con Joan Laporta (para cuya pronunciación algunos progres matritenses engolarán la voz como si hubieran nacido en el mismo Cadaqués) pero que desde esas fotos le respeto mucho más. Por mi parte os pongo en sobreaviso, si alguna vez me convierto en un forrado, dios no lo quiera, trataré de gastar en farra todo y cuanto pase por mis manos. Mujeres, bebida, juego y gloria serán mis motivaciones, si de paso con eso cabreo como una mona a los talibanes de la prensa deportiva, oye, mejor que mejor.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Y la moraleja es...

En la Moraleja, de espaldas, todos los tipos parecen Alejandro Agaj. Lo sé porque ayer la visité por primera vez. Así, con mi recién estrenada identidad y con un kilo de repelente contra infames me decidí a mezlcarme entre sus habitantes. Primero tuve que sortear a unos cuantos millonetis que reclamaban una multa por mal aparcamiento de una forma bastante airada. Después ,pasé por al lado de unos renos que yo creía fabricados en mimbre pero que ante mi presencia empezaron a centellear cual astros luminosos. No exagero si aseguro que aquellos ciervos, renos o similares, consumían más luz que toda la región del Caribe.
Tras sentarme y pedir un café con leche, llamado al que la camarera acudió con tres tipos de leche distintos entre los que un servidor no encontró diferencia, advertí uno de los mayores secretos de la Moraleja: todos tienen algo que ocultar. No lo digo por decir, no. Primero descubrí a un tipo pincel, de esos que tienen el cuerpo más estirado que la madera y el pelo pintao, llevaba lo que habitualmente se conoce en Madrid como un filete. Es decir, esos flequillazos del tamaño de una ternera de Argentina y que utilizan para taparse la cara. Será la juventud pensé y seguí mojando un churro en el café. En eso entró una pareja de jubilados, bueno matizo, de retirados, porque para jubilarse hay que haber trabajado antes, y para mi sorpresa también ocultaban su rostro. El hombre con una barbaza y una boina que podría haber comprado en que habrá comprado en algún lugar atendido por Minuca, Moluca, Imbécil y que le ha costado lo que tú querido lector ganas en un mes.
Pensé, las mujeres salvarán a la Moraleja, pero, ni con esas. Cuando atisbé a la señorona que entraba con su abrigo de piel me di cuenta de que ella tampoco iba a mostrar su rostro. Embutida en un cuello vuelto, su carne se arrugaba hacia los aros gigantes de sus gafas. Además, su faz, siempre quise utilizar la palabra, estaba bañada en un kilo de algún tipo de betún o maquillaje y un gorro calado al estilo francés. Aunque es siniestro que la mala conciencia de estos ricachones no les deje dar la cara, me pareció gracioso que todos aquellos personajes hicieran cola para leer el Marca. Y es que amigos, ese es el verdadero pegamento de la cohesión española.