martes, 8 de diciembre de 2009

De ciudades

No quiero yo avivar el fuego de los gustos urbanos, esos que nos hacen elegir entre Barcelona o Madrid, colocar en una lista París por encima de Roma o defenestrar a Londres por debajo de Murcia. Si señores, y no lo digo con sorna, en éste apartado toda apreciación es válida. Creo firmemente que al fin y al cabo las ciudades son simplemente lugares donde habitar. Bien sea en la agresiva Madrid o en la halagüeña Córdoba. Supongo que acostumbrado a caminar por unas calles olvidas que estás frente a x palacio mandado a edificar por x rey, que junto a ti se alza un capitel bañado en oro o que la casa en la que has parado a atarte los cordones es en la que nació tu abuelo. Sin embargo, las ciudades no sólo son calles, puertas y ventanas, son también ramales de nostálgia y nichos de música que nos abanican el placer o nos provocan la máxima de las animadversiones.
Madrid, por ejemplo, tiene un centro que huele a orín y un ambiente que se descorcha con la misma bravura con la que pierde el gas, a pesar de ello, y de que maltrate a sus habitantes, es adorable y divertida. Alicante es plácida como las ciudades que miran al mar aunque sus políticos atenten contra el buen gusto (el último caso: ese puticlub verbenero de uso exclusivo para pijos e infames que se llama Casino). Valencia tengo entendido es un nudo de varias ciudades que es capaz de encerrar lo mejor y lo peor en cada uno de sus requiebros, Aspe un lugar donde todo el mundo sabe lo que pasa a pesar de que nunca pase casi nada inusual. Aun así, todos tenemos nuestros motivos para amar u odiar un barrio determinado a una hora determinada.
Por eso creo que, dentro de unos márgenes entendibles, las listas de ciudades que hablan de que Y ciudad es mucho mejor que N con un absolutismo que ni Luis XVI las hace un muermo de tío o una pija sarnosa de esfinter flojo que, desde su incredulidad y su amargura por no haber recibido cariño desde los dos años, es incapaz de discernir entre la belleza de las construcciones y el caudal de sentimientos que circula por un barrio o por una manzana. Así las cosas, ante el fascismo listero (esas listas de listos), proclamo que mi ciudad favorita nunca será dos veces la misma.

3 comentarios:

  1. me ha gustado muxo y muy bueno lo de la lista de los listos....

    ResponderEliminar
  2. q chulo! este texto me ha gustado, y que cierto lo referente a aspe, q es el q más conozco

    ResponderEliminar
  3. Qué grande Torres, ¡¡¡que magia tienes!!! Ahora he vuelto a entrar en tus blogs y sigue siendo un placer

    ResponderEliminar