viernes, 17 de diciembre de 2010

Cuarto de siglo

Aquel año empezó un martes y desde oriente llegaron las buenas nuevas: Mario Bross había nacido en un pesebre fabricado con las fichas en L de un Tetris recién inventado. En los cines se estrenó Back to the future y el Oscar a la mejor película se lo llevó Memorias de África. Un tipo con melena que lo mismo arreglaba una estufa de gas butano que luchababa contra un peligroso grupo terrorista vasco empezó a ser el protagonista de una serie llamada Mcgyver. No todo fueron buenas noticias, hubo un gran terremoto en México D.F., más de 10.000 víctimas por unas inundaciones en Bangladesh y Sean Penn se se casó con Madonna. Malos tiempos para el periodismo, el Papa Juan Pablo II beatificó a un periodista holandés.
En sus 365 días Mijail Gorbachov se hizó con el poder de la URSS, el Barça ganó la liga y la población mundial era de casi 2.000 millones menos que ahora. Unos entusiastas buscatesoros encontraron los restos del Titanic y las mujeres podían ser por primera vez policías en España. Con un par, el ayuntamiento de Móstoles firmaba la paz con Francia y, tal vez para celebrar tamaña fecha histórica, un puñado de artistas grababa en Hollywood el single "We are the world".
El buen espíritu no duró tanto, una final de la Copa de Europa entre el Liverpool y laJuventus acabó con 39 aficionados muertos por una avalancha humana. ETA liberó a cambio de 150 millones de pesetas a un empresario que había mantenido secuestrado durante 38 días. Ese año también nací yo y desde el balcón de mi casa, por primera vez, vimos pasar a unos cuantos corredores que desafiaban el frío en la Media Maratón Valle de las Uvas. Este mes, la prueba cumplía 25 años, pero en la comunidad de la Fórmula Uno, la GP, los Másters de Tenis y las Copas Américas, un cuarto de siglo después no hay prespuesto ni subvención para que un buen puñado de corredores disfrute del atletismo. Porca miseria, habrá que esperar a que Fernando Alonso, que por entonces calzaba cuatro añitos, venga a enseñarnos a los valencianos qué es el deporte.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Descarrile

Mamá ordena que la chica filipina vuelque una caja en el salón. Él mira entre la inmensa marea de cachibaches y entre todos sus juguetes escoge una locomotora. Leticia quiere jugar a las princesas pero él prefiere rayar el parqué del suelo con su tren más rápido que el viento. Pi piiiiiiiiii chucu chucu chu... Papá los vigila desde lejos pero ya no tiene edad para andar corriendo detrás de ellos. Además, en éstas fechas, como cada diciembre, anda enfrascado en preparar su acción más importante del año y ya casi la única.
Ha venido a casa el tío Pepe y, al ver a Felipe jugar con el regalo que le ha hecho, sonríe orgulloso. Mamá le regaña pero el tío replica "no seas dura". Aún así ésta le recuerda al niño que no se manche las manos de polvo con los vagones de clase turista. Pepe se lleva de paseo a los niños, en la puerta aguarda tita Esperanza y el primo Barreda. Para convencer a Felipe le deja llevarse su trenecito. Leticia llora y reclama la atención "si él sale de casa, yo también". Mamá les deja ir con la promesa de que vuelvan antes de que anochezca. "Ahora a Albacete se tarda muy poquito, Sofía", dice el tío Pepe.
Las vecinas con las que se encuentran, en vez de apretarle los carrillos y llamarle hermoso, le aplauden y le gritan "guapo". Por el camino se aburren. Pepe, Barreda y Esperanza hablan de cosas de mayores que ellos no entienden. La niña tiene otra rabieta y nadie consigue que se calle hasta que le dejan cortar la cinta con la bandera de España que alguien ha colocado en la estación. Lo veo todo por la tele mientras trato de comprar mi billete de tren a Alicante. Tengo la fea costumbre de volver a casa por navidades. Alguien ha decidido que por la web sólo se puedan escoger dos viajes al día, que uno de los trayectos más reclamados por los usuarios suba más de un 15% y que el viaje a Elda tarde casi lo mismo. Está en todos los canales, ellos viajan gratis y televisado. Aún así, siguen llamándole familia real. Yo sé que debería enfadarme pero no puedo... ¡son tan campechanos!

martes, 14 de diciembre de 2010

Pases a destiempo.

Cuando salgo a la calle siempre me cruzó con un gitano que vende flores bajo de mi casa. Debe tener más o menos mi edad. Si no está vendiendo claveles o rosas agarra una muletilla y se pone a dar pases. A veces, desde mi ventana lo veo esperar a que el semáforo se ponga a parpadear para poder torear a los peatones que corren. A pesar de todo, nunca se arrima demasiado a las reses.
Una vez me paró para contarme su historia. José Francisco Moreno Moreno era el nombre completo que figuraba en la partida de nacimiento que se arrumbaba en el juzgado de paz. José por el padre y Francisco por el abuelo materno, pero, salvo su madre, nunca nadie lo llamó José Francisco, ni Pepe, ni Paco, ni Quito, ni Quico.
El día que él nació, otro José, José Cubero el “Yiyo”, se disponía a entrar a matar a Bulero, el sexto de la tarde. Cuando el matador atravesó con el acero de la espada al animal, el último latigazo de vida del toro sirvió también para la muerte del torero. El Yiyo cayó desplomado al mismo tiempo que el mito se aupaba a los altares del callejón.
Lejos de allí, al píe del catre, donde su madre acababa de parirle, el abuelo pasó la mano por su pecho y casi sin vocalizar, asustado por la fragilidad del cuerpo de su primer nieto, exclamó “este va a tener hechuras de torero, como el Yiyo”. Desde entonces, todos pasaron a llamar así al mayor de los Moreno, todos salvo su madre, que para eso lo había parido con esfuerzo en una asfixiante tarde de agosto. Antes de marcharme me dijo que el creía en la reencarnación. Yo le miré y, tras comprarle un clavel por compasión, pensé que aquella tarde soleada de 1985 también había muerto un toro.

EstudiosGrandMother

Mi abuela es una entrañable mujer de 85 años que obliga a su nieto a llamarla "abuelita" por más que éste mida un metro ochenta y calcé un 46. Contarle que he dejado el trabajo me ayudó mucho. Sus amplios conocimientos sobre el mercado televisivo y su escasa virtud para morderse la lengua fue mejor que haber contratado un psicoanalista argentino.
En primer lugar, ella lo tiene claro, quiere que ahora trabaje en Antena 3 . Puntos a favor: "en Telecinco son todos unos monfloras (sinónimo nada cariñoso de la palabra homosexual)". El segundo argumento que esgrimió fue Gran Hermano, no por el reallity en si, si no porque los concursantes son "unos cochinos". Apuntaló en sus convicciones que "hoy en día son peores las mujeres que los hombres". No dijo nada de Viceversa porque aseguró que "aun no ha salido ninguno en el programa".
Ahora bien, me advirtió que no se me subiera el pavo a la cabeza. "Cuidao con lo que haces, nene", porque si hay tres cosas que no le gustan nada a mi abuela que haga en la vida son: drogarme , salir por la noche a oscuras y meterme con Isabel Pantoja (no por ese orden).
Estaba apuntando yo su doctrina en mi cerebro cuando en la tele irrumpió Rubalcaba ("Hay un hombre en España que lo hace todo", cantan los Astrud) para hablar de la huelga de controladores aéreos. "Jajaja, que lo hagan con su pichina", espetó. Insólito, la buena mujer no es defensora de la militarización de los controladores, qué va, ella prefiere de la genitalización de su trabajo.
Así las cosas, mi abuela, que es a hilar temas lo que Messi al gol, me habló de la verdadera huelga del mes: Kiko Hernández, el colaborador de Sálvame, no había merendado para reivindicar su derecho a participar en Eurosvisión. Por lo visto, es un desastre del copón que el Ente Público (siempre quise decirlo) no deje al ex-gran hermano cantar a ritmo de bachata. "Que arrós caldoso más lindo tienen, no dejarle participar al muchacho". Y de verdad que lo sentía la mujer. Le pregunté por qué le afectaba tanto y me contestó que aunque a mi no me gusten esos programas "que sepas que la 5 supera en audiencia a la 3 en todos los horarios, además yo quiero que te hagas maestro como tú padre". Me fuí de allí sin saber si mi abuela prefiere que trabaje en una o en otra cadena pero con la clara convicción de que ya no la llamaré nunca más abuelita, si no EGM.

lunes, 29 de noviembre de 2010

La misma aleación

Cuando el ánimo en el frente se extinguió por completo y la II República se replegó en la provincia de Alicante para dar sus últimos suspiros, la Fábrica Nacional de la Moneda, se instaló en un pequeño taller de mi pueblo, Aspe. La llamada Factoría D, última factoria de billetes republicana, apenas duró seis meses. Más o menos el tiempo que tardó el bando Nacional en acabar con la agonía republicana en el puerto de Alicante. Por esas fechas, el novio de mi tía ya había sido asesinado como miembro del ejército Popular en un frente al que había acudido sin ninguna convicción izquierdista.
Al acabar la guerra, el recién estrenado gobierno Nacional desmanteló la fábrica y se llevó de vuelta a Madrid a las máquinas que acuñaban las monedas. En la mudanza, tal vez por despiste, tal vez porque pesaban mucho, los encargados de empaquetar todo olvidaron una saca con monedas sin acuñar. La familia de mi abuelo, cuyo taller para hacer carros estaba muy próximo al lugar de la fábrica, se hizo con aquel botín de monedas limpias de ideología. El pragmatismo y las prisas del Generalísimo por echar a rodar su nueva España hicieron que en la Casa de la Moneda se utilizara la misma aleación, el mismo tamaño e idéntico peso que sus antecesoras de izquierdas. La peseta siguió siendo peseta pero ésta vez adornada con el yugo y las flechas de la Falange. Por entonces, el populismo y la parafernalia del partido único ya habían llamado hasta sus filas a mi abuela paterna y mi abuelo materno.
Eso fue en 1939. Mi padre, nació en octubre de 1953, ya en una España Grande y Libre. 15 años después de la constitución del régimen franquista las monedas seguían siendo las mismas. Cuando mi padre tuvo suficiente edad como para acudir a los recreativos a ensuciar sus jerseys con la grasa de los futbolines, mi abuelo, constructor de carros tradicionales en la época en la que los primeros 600 empezaban a pasearse por las calles, le confió el secreto familiar. Los bolsillos de mi padre se llenaron con aquella pequeña fortuna sin rostro. Las máquinas de pintball o los billares, que no sabían distinguir el olor político del metal, tragaban con el engaño. Así se contentaba a dos Torres, el uno por poder dar alivio a la economía familiar, el otro porque, sin saberlo, metía con el engaño sus primeros goles en la portería del régimen.
Estos días, cuando leo el periódico o escucho la radio, no puedo evitar acordarme de esa historia familiar. Oigo en la radio que la guerra nuclear en Asia es inminente, que el fanatismo de Irán es inconcebible, que palestinos e israelíes no avanzan... Y yo, que no soy nadie, sólo espero que en algún lugar de las dos Coreas o en un hospital de Jerusalén esten naciendo ahora mismo los hijos de unas monedas sin acuñar.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Recursos

De pequeños utilizamos recursos cursis para tratar de recordar la lección del colegio o aprendernos de carrerilla las alineaciones de nuestros equipos favoritos. Los matemáticos prolongan esta etapa al estudio de su ciencia. Así , \int_a^b u dv =  uv - \int_a^b v du,una de las fórmulas que se utiliza como método de integración, se traduce como Sentado un día vi a un valiente soldado vestido de uniforme. Tal vez, el músico Andrés Calamaro utilizó esta táctica para recordar todas las canciones de "El Salmón". Sea como fuere probablemente los cantantes tengan sus truquillos listos para recordar todo el repertorio de una orquesta de verano.
Para mí es un misterio saber como Nadiezhda, la mujer del poeta Ossip Madelstam, fallecido de camino al confinamiento en Vladivostok, memorizó la mayor parte del poemario de su marido para poder transcribirlo desde un campo de concentración siberiano hasta más allá de la censura soviética. Dicho lo cual, esto no es una gran proeza si se compara con los concursos de memoria en los que los participantes deben recordar el mayor número posible de decimales del número pi. A pesar de su dudoso interés pragmático, el actual poseedor del record, un colombiano residente en Bruente y que logró escribir en 625 folios más de 150.000 decimales, respasó entre 100 y 150 veces al día la cifra para ganarse el sobrenombre de "computadora humana". (nunca he terminado de entender por qué la humanidad trata primero de crear las máquinas y después de asemejarse a ellas).
Tal vez es cosa mía, pero si uno atiende a las portadas de los periódicos y lee cosas como GAL, Sahara o Tregua de ETA, sólo puede pensar que el mundo es una inmensa gran regla nemotécnica que periódicamente repite sus problemas para memorizarlos. Es una verdadera lástima que en esto nuestro país no sea un alumno aventajado.

lunes, 4 de octubre de 2010

Segunda sesión

No pude resistirme, mis ansias en pos de la ciencia me llevaron a realizar mi segunda sesión con la paciente. Ésta vez las condiciones fijadas para el ensayo fueron las siguientes: domingo al mediodía, nieto de resaca y suave viento de levante. La pasión que mi abuela siente por las desgracias nos llevó de inmediato a Antena 3 y a su novedoso programa "Impacto Total". Es decir, una versión dominguera del Impacto TV de toda la vida pero con muchos más incendios, persecuciones y accidentes. Se observó que aunque la imagen más reciente aparecida en el programa dató de 1994 la paciente creyó en todo momento que acababan de pasar.
En el primero de los casos, un piloto a bordo de su coche de carreras arrollaba a 15 espectadores en una curva. El suceso había ocurrido en el transcurso de una prueba del Campeonato Mundial de Rallies en algún país nórdico del que no quise retener el nombre. La paciente siguió ojiplática los acontecimientos, emitiendo algún grito y recibiendo las imágenes con algún que otro sobresalto sin importancia. Al acabar la secuencia, volviéndose hacia el aquí firmante setenció: "hijo, nunca vayas a las carreras de bicicletas". Y vale que Toni Rominger era feo, pero no me imagino yo a Contador, por mucho clembuterol que su madre le pusiera en el colacao, arrollándome en una curva de los Alpes junto a 15 pacíficos franceses.
El programa dio un giro inesperado. Los accidentes en las carreras dieron paso a los desastres medioambientales. En el cielo de Iowa serpenteaba un voraz tornado. Las madres, los niños y Georgie Dann corrían a parapetarse mientras los hombres usaban sus clavos y martillos para apuntalar ventanas a toda velocidad. Tras quince "ay" de la paciente un coche, tres vacas y una persona que paseaba con La Oreja de Van Gogh en el Ipod fueron arrastradas por el tornado. Mi abuela volvió a comentar la jugada. "Yo cuando hace un poco de aire no salgo de casa", ella y Mario Picazo son los que más saben del tiempo. Es una crack, la van a fichar como protagonista para Twister 3.
Ella siempre tiene consejos. Cada vez que me voy a Madrid me apuntala sus convicciones: "hijo, no salgas por la noche, no sea que te confundan con otro y te peguen un tiro o te den una paliza". Pase que antes, cuando tenía el pelo largo, en algunos sectores me confundieran con el etarra Cherokee, pero que tu propia abuela piense que me parezco a un ñeta, un latin king o a José Luis Moreno no tiene parangón alguno. Aún así , sé que lo hace por mi bien, ella siempre está alerta. Si explota una bombona de butano en Perales de Tajuña (comunidad de Madrid) ella me telefonea para preguntarme si estoy bien. Si E.T.A. coloca un explosivo en una estación de servicio de la N-4 me llama "por si he visto algo". De pequeños cuando comíamos arroz nos hablaba de gente que se había muerto por atragantarse con una almeja o de personas que la palmaban por llegar con sed y beberse de un trago un vaso de agua fría. Aquello nos ayudó mucho a ser mejores personas.
Así seguimos el estudio y tras varios choques en cadena, rescates de ríos, vueltas de campana y motores ardiendo mi abuela decidió ver las imagenes de un fusilamiento en Pakistán. Eran las noticias de no recuerdo qué cadena. Mi abuela se tapaba la cara pero abría los dedos para dejar espacio a sus ojos. En esas mi padre llegó a casa. "Mamá, qué haces viendo tanta desgracia", le perguntó mi amado predecesor. "Es verdad. Nene, pon la 5", respondió sin inmutarse. Aquello me dio la respuesta. Mi abuela sigue los patrones marcados por Segismundo Freud y Pedro Piqueras. En el fondo todo es Sexo y Muerte, Telecinco o Antena 3, accidentes de coche o Belén Esteban. Y yo con éstos pelos, joder, ¿para qué saldré de casa cuando hace viento?

sábado, 2 de octubre de 2010

Acumulo vejez

Nos negamos a reconocerlo, nos estamos haciendo viejos. En mi caso, la primera señal es que me estoy convirtiendo en un hipocondriaco. Ayer, buscando un hostal en Munich, la página web me preguntó con cuántos bultos pensaba viajar y tuve que pasarme 45 minutos palpándome los testículos. No es sólo eso, últimamente veo gérmenes en todas partes. En los niños bonachones que lloran en los parques, en los flyers de la Ofrenda (donde más en los flayers de la Ofrenda), en los alimentos de cualquier tipo.... hasta en los gérmenes veo gérmenes más pequeñitos que a su vez se dejan frotar por gérmenes mucho más pequeñitos. ¿Soy el único que piensa que hay pocas cosas más desagradables que un estornudo en un ascensor? Antes tampoco es que fuera lamiendo la barra del metro a troche y moche, pero me estoy convirtiendo en un "rarito".
La segunda señal inequívoca de que voy cuesta abajo en la pendiente de los años es que ayer por la noche llamé a mis padres para ver dónde estaban. El caso es que ni siquera eran más de las diez y media pero no habían aparecido en unas cuantas horas por casa y empezaba a ponerme nervioso. Es más, el otro día mi madre me hizo una perdida para que le llamase y, lo que es peor, me mandó un sms recortando letras. Ésta vez fui yo el que no entendió nada.
A pesar de que voy asumiendo mi proceso de envejecimiento estoy preocupado. Aun no tengo claro que pienso acaparar a partir de ahora. Llegados a una edad siempre hay un producto que almacenamos como si fuera a venir una guerra nuclear. En mi casa son las latas de atún y la sal gorda. Y no sé vosotros, pero yo ya me imagino al tirano de turno diciendo: "hay que exterminar a los judíos, a los inútiles y a los Torres, que son los dueños de todas las reservas mundiales de atún Hacendado". Es cierto que son recurridas, van de tres en tres y tienen abrefácil, pero más allá de eso no encuentro lógica a la compra compulsiva de este bien preciado. O mi madre ha encontrado alguna fórmula infalible para convertir el aceite de girasol en un potente combustible, o algo falla en la dieta familiar.
En cambio, la sal gorda tiene mucho más sentido. Tal vez, mi progenitora ha recibido un soplo de Al Gore acerca de una nueva era de la glaciación y ha decidido acumular sal como para derretir dos océanos. Rite lector pero cuando eso pase nosotros dominaremos el mundo.
Mis abuelos son mucho más prácticos. Ellos inviertene en bolsa. Es decir, guardan todas las de plástico desde la apertura de Galerías Preciados. Su despensa dicta la evolución estética de las cadenas de alimentación patrias. Desde el Pryca al Continente, pasando por Carrefour hasta las más modernas del Mercadona, no hay bolsa que se les resista. Las guardan todas perfectamente dobladas y preparadas para el momento oportuno. Ahora que empiezan a cobrar por ellas en los supermercados mis abuelos comenzaran a hacerse dueños del mercado negro, no lo dudo.
Empieza a crecer un vacío dentro de mí, me hago viejo y no sé lo que almacenar. ¿Dinero bajo la almohada? no, eso ya lo hacen otros ppor aquí ¿Azúcar de caña? No, me he dejado barba pero tampoco soy Fidel. Qué nervios, mi tiempo se acaba y aún no he decidido en que debo focalizar el diógenes que llevo dentro. Oh cielos! Vivo sin vivir en mí.

viernes, 1 de octubre de 2010

Hábitos de consumo

Debe ser deformación profesional. Últimamente me dedico a estudiar los hábitos televisivos de quienes me rodean. La primera en pasar por mi ficticio buró de psicoanálisis ha sido mi abuela: Un individuo de sexo femenino, 85 años, requetefán de la Princesa del pueblo y con un aguante frente a la pantalla muy por encima de la media nacional.
La paciente presentó unos horarios bastante estrictos en la elección de los programas a visionar. En primer lugar, a las doce de la mañana, su dedo tuvo a bien pulsar el número que nos llevó a Popular TV, la televisión en la que nunca se verá un anuncio del Jess Extender. "Todos los días oigo la misa en ésta cadena", comentó mi entusiasmada abuela (¿Alguien sabe porque las misas sólo se oyen y no se ven?).
Después de que el sacerdote nos dejara ir en paz de aquella eucaristía, que a mí se me hizo interminable porque mi abuela coreó cual holligan de Jesucristo todos los cánticos de la afición, la paciente decidió dar un giro inesperado a lo que yo llamaría infierno pero a lo que ella llamó "Hombres, mujeres y viceversa". La cosa se explica fácil: una silla a la que llaman trono, una mujer o un hombre sentados sobre ella y 15 licenciados en historia del arte pugnando por hacerse con los favores carnales del tronista. Es divertibérrimo, lo reconozco: Se representan pantomimas dignas de ValleInclán, se citan a grandes poetas, se despliega una educación exquisita... y todo en pos del amor verdadero.
El torrente de buenrollismo generado por el empacho amoroso nos llevó, en la misma cadena, a lo que la paciente llamó "El juicio" (pronúnciese con voz de doblador puertorriqueño),pero que en realidad se llama "De buena ley". El espacio es una especie de "Diario de Patricia" pero con toga.
En esas estábamos cuando mi abuela me dió un respiro. Cambió a Noticias Cuatro y juntos vimos como, auspiciados por la huelga general, cientos de antisistemas asaltaban un H&M en Barcelona. La paciente me espetó: "Hijo, y esto por qué lo hacen"... como no sabía explicar por qué aquellos perroflautas robaban pantalones que sólo le caben a niñas de 15 años y a Coque Malla le dije que volviera a Telecinco. Allí, tanto ella como yo, estamos a salvo de pensamientos.
No se recogieron más datos hasta la tarde noche porque la paciente se echó la siesta. Retomamos nuestra sesión con "Pasapalabra". Si mi abuela cree que los concursantes de éste programa son superhombres con cerebros biónicos ¿Qué hará cuando descubra Saber y ganar?... El caso es que los invitados al programa eran Bibí Andersen, Ángel Lláser (el infame director de la Academia de OT) y Bimba Bosé. Vamos, lo que viene siendo un festival de lo ambiguo. La paciente me conminó a participar en el programa. "Nene, tienes que ir que tú tienes estudios", me dijo. Se lo perdonamos, ella cree que los periodistas somos como ingenieros.
Finalmente la noche acabó en Antena 3 con un programa especial sobre la vida turbia de la Pantoja, que es como cualquier programa sobre la Pantoja pero desenfocado. Aunque tengo que tener una segunda sesión con la paciente porque quiero estudiar por qué mi abuela se confunde con los nombres de sus nietos pero se sabe al dedillo el de todos los tertulianos, pude sacar dos conclusiones. La primera es que mi abuela empieza siempre con la misa por lo pecadora que se vuelve con un mando a distancia. La segunda es que cuando Arquímedes dijo "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" todavía no existían Telecinco, Cándido Méndez, ni la Pantoja.

viernes, 9 de abril de 2010

San César Vidal

Cuando sita Esperanza repartió como churros las licencias de la Tdt ya se podía prever que en la comunidad de Madrid el apagón analógico traeria consigo una versión digital del alzamiento nacional. Cómo está la tele... pensará alguno, si hace unos meses, yo me adscribía a los agnósticos del nuevo mesías de la clase obrera y su catecismo del yo por mi hija mato, obra cumbre de la estupidez humana, hoy rompo una lanza a favor de César Vidal. Un tío que, a juzgar por el volumen de libros que genera al año, no debe tener un sólo negro, si no que ha modo de potencia del XIX ,ha sometido a todo Zambia para sacar lustre a su nombre en las librerías (el más gracioso es uno en el que César Vidal recorre el sur de los Estados Unidos con gorro de Cowboy incluido).
Bien que hace, este pastor del odio en autoeregirse en salvador del descarriado rebaño de ovejas. Ayer, mientras un taxista cabrón me paseaba por las calles de Madrid, la radio del skoda felicia escupía la voz del bueno de César que en un afán por agradar a las hordas de tirantes rojigualdos venía a comparar la juventud descocada con la depravación. Llegué a casa, con el bolsillo lleno de cambio y la cabeza vacía de pensamientos.,Puse la tele y quiso el azar que lo primero que vieran mis ojos fuera la cara de don Vidal. No puede ser, me dije, y era, de nuevo las mismas gafas, de nuevo la misma cara bonachona salpicada de ira, la misma .
Lo reconozco, estaba ciego y me sané. Los milagros del señor César son evidentes: no sólo posee el don de la omnipresencia, no sólo multiplica los panes y los libros de bolsillo, si no que además ha venido a guiar al España, su pueblo elegido, por el desierto del libertinaje, hasta el reencuentro con la moral tradicional. Aleluya, él nos salvara de la Esteban, de Zapatero y del Barça de Guardiola.

jueves, 8 de abril de 2010

El (tibio) regreso

A petición popular y ante las hordas de mensajes amenazantes que pueblan mi húerfano de carantoñas mail me he decidido a volver a la escritura. Desde que os abandoné a vuestra querida suerte, amados hijos del tedio, España ha dado diez vueltas en su tumba para quedarse de nuevo mirando hacia arriba. No temáis, yo todavía no he muerto de asco, he pasado estos meses tratando de encauzar un plan que acabe con la vida musical de Daniel Diges, el enésimo plan del ente público por regular las deposiciones intestinales de los españoles.
Aunque hay que reconocerlo, y al César lo que es del César, ésta especie de Bisbal comprada para la ocasión en los chinos de la esquina tiene el mejor estribillo bivocálico desde que Bunbury bajara miles de bragas patrias con sus uououoooooo. Ah Daniel Diges, nuestro representante en Eurovisión. Ya lo veo aular a los pies de una virgen, bailar con su rostro asexuado en las galas de Murcia que hermosa eres y camelar a las viejas de las verbenas más recónditas mientras su algo pequeñito, la mayor contrapropaganda contra el Jess Extender, anega nuestra pantalla.
Si al final tendrá razón Al Gore (no seas Algorero, gracieta de regalo) y el cambio climático ha llegado ya. Los efectos son inminentes y devastadores. En España, por ejemplo, hemos cambiado al gran Luis Ciges por el mequetrefe de Diges. Por mucho que me lo pinten de oro no veo yo a Diges diciendo aquello de "Ya hijo pero es que un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama".

miércoles, 20 de enero de 2010

Catastrofpop

Primero fue la Terremoto de Alcorcón, ahora el Tsunami de Karmele Martxante. España entera reza para que a ningún productor se le ocurra crear un producto comercial que tenga por nombre Juan Seísmo o Toni el Huracán. Eso sí, reconozco que como amante del bizarrismo ilustrado, desaría ver a Francesc Camps cantar a dúo con Valcárcel un tema que se llamara Mi lluvia torrencial. Admitámoslo, nuestro país es una máquina perfecta de producir temazos aptos para la tortura en Guantánamo o la incitación a la autolísis. Yo, como ustedes, tengo mi propia teoría.
La culpa de tanta soplapollez la tiene la movida madrileña y Almodóvar. Por orden, primero la movida, que conste que yo creo que ese movimiento fue tan sólo un holograma en el que los buenos, como Paco Clavel, quedaron relegados a un segundo plano y los trepas, como el tercer manchego más universal del celuloide, subieron demasiado alto. Como decía la movida y su glamour, que me da más asquete que el wonderbra de la Duquesa de Alba, ha hecho que existan personas como Verónica Forqué (lo siento si alguien la ama, yo no la soporto nada). Es más, surgió Bibiana Fernández (antes Andersen) y cantó por primera vez Sálvame soy un náufrago (lo que yo os diga, música de catástrofes y rescates). Si no hubiera existido Almodóvar más que probablemente Bibiana Fernández no hubiera cantano esa canción (bastante honrosa por cierto) y, lo que es peor, Telecinco no podría haber bautizado a uno de sus escatológico s programas (líde de share) con el mismo título.
Así las cosas, como hemos convenido el Pop Catastrófico, es un género nacido de la infame movida madrileña. Por eso, conciudadanos, os llamo a la movilización. Hasta cúando vamos a permitirlo, hasta cúando vamos a dejarnos pisotear... démonos prisa hoy he leído que regresa Ella Baila Sola.

martes, 19 de enero de 2010

Lang Lang y el suicidio

Es una costumbre. Si no he capado mis oídos con algún mp3 suelo poner la oreja en las conversaciones ajenas. Lo de ayer, en el metro, fue casi inevitable. Una buena mujer (sin ironías, de esas entrañables) había descolgado su móvil y, tal vez por aquello de estar bajo tierra, empezó a conversar con su hijo a gritos. La conversación alcanzó su máximo esplendor en la despedida: "Hijo, deja ya de componer música y ordena un poco tu cuarto". El hijo debió replicar , sin embargo la madre sepultó la respuesta con un "pues deja esos temazos y recoge la ropa". Vaya, la madre de Nacho Cano es como la mía, pensé. Lo importante es tener la habitación limpia, la ropa planchada y buen aspecto. Sin embargo, me equivocaba. Hoy, mientras leía el Herlado de Aragón para mantener al día la costumbre que adquirí en mi etapa en Interviú de leer cuanto periódico regional pasara por mis manos, he comprobado que los genios a menudo lidian con completos capullos como padres (con esto no me refiero a Nacho Cano como genio, que quede claro, si acaso genio del tinte o máximo exponente de las horteradas).
En la noticia del Heraldo se hablaba del pianista Lang Lang (no, no es una conexión wifi china), un maestro del piano a nivel mundial con sólo 27 años. El muchacho cuenta, en la traducción de su biografía al castellano, como a sus escasos 10 años su padre le dijo que se suicidara por no haber practicado lo bastante. Bestial, ¡y a eso lo siguen llamando padre! El caso es que eso me ha recordado a Mozart, al que su viejo puteaba para poder sacarse unas perras de corte en corte; o a Paco de Lucía, al que su progenitor encerraba a solas con la guitarra para que se convirtiera en lo que hoy es. Tal vez los genios son los únicos capaces de soportar esas presiones. Sin embargo, el problema no es ese, el problema es que tipo de padre tendrán los 40 millones de niños chinos,que hoy estudian piano por su amor a Lang Lang y en los que no habrá uno o medio genio que imite al gran pianista. Por eso, desde mi humilde teclado espero que ahora mismo, 40 millones de padres y madres chinas exijan a sus hijos que limpien su cuarto.