miércoles, 20 de enero de 2010

Catastrofpop

Primero fue la Terremoto de Alcorcón, ahora el Tsunami de Karmele Martxante. España entera reza para que a ningún productor se le ocurra crear un producto comercial que tenga por nombre Juan Seísmo o Toni el Huracán. Eso sí, reconozco que como amante del bizarrismo ilustrado, desaría ver a Francesc Camps cantar a dúo con Valcárcel un tema que se llamara Mi lluvia torrencial. Admitámoslo, nuestro país es una máquina perfecta de producir temazos aptos para la tortura en Guantánamo o la incitación a la autolísis. Yo, como ustedes, tengo mi propia teoría.
La culpa de tanta soplapollez la tiene la movida madrileña y Almodóvar. Por orden, primero la movida, que conste que yo creo que ese movimiento fue tan sólo un holograma en el que los buenos, como Paco Clavel, quedaron relegados a un segundo plano y los trepas, como el tercer manchego más universal del celuloide, subieron demasiado alto. Como decía la movida y su glamour, que me da más asquete que el wonderbra de la Duquesa de Alba, ha hecho que existan personas como Verónica Forqué (lo siento si alguien la ama, yo no la soporto nada). Es más, surgió Bibiana Fernández (antes Andersen) y cantó por primera vez Sálvame soy un náufrago (lo que yo os diga, música de catástrofes y rescates). Si no hubiera existido Almodóvar más que probablemente Bibiana Fernández no hubiera cantano esa canción (bastante honrosa por cierto) y, lo que es peor, Telecinco no podría haber bautizado a uno de sus escatológico s programas (líde de share) con el mismo título.
Así las cosas, como hemos convenido el Pop Catastrófico, es un género nacido de la infame movida madrileña. Por eso, conciudadanos, os llamo a la movilización. Hasta cúando vamos a permitirlo, hasta cúando vamos a dejarnos pisotear... démonos prisa hoy he leído que regresa Ella Baila Sola.

martes, 19 de enero de 2010

Lang Lang y el suicidio

Es una costumbre. Si no he capado mis oídos con algún mp3 suelo poner la oreja en las conversaciones ajenas. Lo de ayer, en el metro, fue casi inevitable. Una buena mujer (sin ironías, de esas entrañables) había descolgado su móvil y, tal vez por aquello de estar bajo tierra, empezó a conversar con su hijo a gritos. La conversación alcanzó su máximo esplendor en la despedida: "Hijo, deja ya de componer música y ordena un poco tu cuarto". El hijo debió replicar , sin embargo la madre sepultó la respuesta con un "pues deja esos temazos y recoge la ropa". Vaya, la madre de Nacho Cano es como la mía, pensé. Lo importante es tener la habitación limpia, la ropa planchada y buen aspecto. Sin embargo, me equivocaba. Hoy, mientras leía el Herlado de Aragón para mantener al día la costumbre que adquirí en mi etapa en Interviú de leer cuanto periódico regional pasara por mis manos, he comprobado que los genios a menudo lidian con completos capullos como padres (con esto no me refiero a Nacho Cano como genio, que quede claro, si acaso genio del tinte o máximo exponente de las horteradas).
En la noticia del Heraldo se hablaba del pianista Lang Lang (no, no es una conexión wifi china), un maestro del piano a nivel mundial con sólo 27 años. El muchacho cuenta, en la traducción de su biografía al castellano, como a sus escasos 10 años su padre le dijo que se suicidara por no haber practicado lo bastante. Bestial, ¡y a eso lo siguen llamando padre! El caso es que eso me ha recordado a Mozart, al que su viejo puteaba para poder sacarse unas perras de corte en corte; o a Paco de Lucía, al que su progenitor encerraba a solas con la guitarra para que se convirtiera en lo que hoy es. Tal vez los genios son los únicos capaces de soportar esas presiones. Sin embargo, el problema no es ese, el problema es que tipo de padre tendrán los 40 millones de niños chinos,que hoy estudian piano por su amor a Lang Lang y en los que no habrá uno o medio genio que imite al gran pianista. Por eso, desde mi humilde teclado espero que ahora mismo, 40 millones de padres y madres chinas exijan a sus hijos que limpien su cuarto.