lunes, 4 de octubre de 2010

Segunda sesión

No pude resistirme, mis ansias en pos de la ciencia me llevaron a realizar mi segunda sesión con la paciente. Ésta vez las condiciones fijadas para el ensayo fueron las siguientes: domingo al mediodía, nieto de resaca y suave viento de levante. La pasión que mi abuela siente por las desgracias nos llevó de inmediato a Antena 3 y a su novedoso programa "Impacto Total". Es decir, una versión dominguera del Impacto TV de toda la vida pero con muchos más incendios, persecuciones y accidentes. Se observó que aunque la imagen más reciente aparecida en el programa dató de 1994 la paciente creyó en todo momento que acababan de pasar.
En el primero de los casos, un piloto a bordo de su coche de carreras arrollaba a 15 espectadores en una curva. El suceso había ocurrido en el transcurso de una prueba del Campeonato Mundial de Rallies en algún país nórdico del que no quise retener el nombre. La paciente siguió ojiplática los acontecimientos, emitiendo algún grito y recibiendo las imágenes con algún que otro sobresalto sin importancia. Al acabar la secuencia, volviéndose hacia el aquí firmante setenció: "hijo, nunca vayas a las carreras de bicicletas". Y vale que Toni Rominger era feo, pero no me imagino yo a Contador, por mucho clembuterol que su madre le pusiera en el colacao, arrollándome en una curva de los Alpes junto a 15 pacíficos franceses.
El programa dio un giro inesperado. Los accidentes en las carreras dieron paso a los desastres medioambientales. En el cielo de Iowa serpenteaba un voraz tornado. Las madres, los niños y Georgie Dann corrían a parapetarse mientras los hombres usaban sus clavos y martillos para apuntalar ventanas a toda velocidad. Tras quince "ay" de la paciente un coche, tres vacas y una persona que paseaba con La Oreja de Van Gogh en el Ipod fueron arrastradas por el tornado. Mi abuela volvió a comentar la jugada. "Yo cuando hace un poco de aire no salgo de casa", ella y Mario Picazo son los que más saben del tiempo. Es una crack, la van a fichar como protagonista para Twister 3.
Ella siempre tiene consejos. Cada vez que me voy a Madrid me apuntala sus convicciones: "hijo, no salgas por la noche, no sea que te confundan con otro y te peguen un tiro o te den una paliza". Pase que antes, cuando tenía el pelo largo, en algunos sectores me confundieran con el etarra Cherokee, pero que tu propia abuela piense que me parezco a un ñeta, un latin king o a José Luis Moreno no tiene parangón alguno. Aún así , sé que lo hace por mi bien, ella siempre está alerta. Si explota una bombona de butano en Perales de Tajuña (comunidad de Madrid) ella me telefonea para preguntarme si estoy bien. Si E.T.A. coloca un explosivo en una estación de servicio de la N-4 me llama "por si he visto algo". De pequeños cuando comíamos arroz nos hablaba de gente que se había muerto por atragantarse con una almeja o de personas que la palmaban por llegar con sed y beberse de un trago un vaso de agua fría. Aquello nos ayudó mucho a ser mejores personas.
Así seguimos el estudio y tras varios choques en cadena, rescates de ríos, vueltas de campana y motores ardiendo mi abuela decidió ver las imagenes de un fusilamiento en Pakistán. Eran las noticias de no recuerdo qué cadena. Mi abuela se tapaba la cara pero abría los dedos para dejar espacio a sus ojos. En esas mi padre llegó a casa. "Mamá, qué haces viendo tanta desgracia", le perguntó mi amado predecesor. "Es verdad. Nene, pon la 5", respondió sin inmutarse. Aquello me dio la respuesta. Mi abuela sigue los patrones marcados por Segismundo Freud y Pedro Piqueras. En el fondo todo es Sexo y Muerte, Telecinco o Antena 3, accidentes de coche o Belén Esteban. Y yo con éstos pelos, joder, ¿para qué saldré de casa cuando hace viento?

sábado, 2 de octubre de 2010

Acumulo vejez

Nos negamos a reconocerlo, nos estamos haciendo viejos. En mi caso, la primera señal es que me estoy convirtiendo en un hipocondriaco. Ayer, buscando un hostal en Munich, la página web me preguntó con cuántos bultos pensaba viajar y tuve que pasarme 45 minutos palpándome los testículos. No es sólo eso, últimamente veo gérmenes en todas partes. En los niños bonachones que lloran en los parques, en los flyers de la Ofrenda (donde más en los flayers de la Ofrenda), en los alimentos de cualquier tipo.... hasta en los gérmenes veo gérmenes más pequeñitos que a su vez se dejan frotar por gérmenes mucho más pequeñitos. ¿Soy el único que piensa que hay pocas cosas más desagradables que un estornudo en un ascensor? Antes tampoco es que fuera lamiendo la barra del metro a troche y moche, pero me estoy convirtiendo en un "rarito".
La segunda señal inequívoca de que voy cuesta abajo en la pendiente de los años es que ayer por la noche llamé a mis padres para ver dónde estaban. El caso es que ni siquera eran más de las diez y media pero no habían aparecido en unas cuantas horas por casa y empezaba a ponerme nervioso. Es más, el otro día mi madre me hizo una perdida para que le llamase y, lo que es peor, me mandó un sms recortando letras. Ésta vez fui yo el que no entendió nada.
A pesar de que voy asumiendo mi proceso de envejecimiento estoy preocupado. Aun no tengo claro que pienso acaparar a partir de ahora. Llegados a una edad siempre hay un producto que almacenamos como si fuera a venir una guerra nuclear. En mi casa son las latas de atún y la sal gorda. Y no sé vosotros, pero yo ya me imagino al tirano de turno diciendo: "hay que exterminar a los judíos, a los inútiles y a los Torres, que son los dueños de todas las reservas mundiales de atún Hacendado". Es cierto que son recurridas, van de tres en tres y tienen abrefácil, pero más allá de eso no encuentro lógica a la compra compulsiva de este bien preciado. O mi madre ha encontrado alguna fórmula infalible para convertir el aceite de girasol en un potente combustible, o algo falla en la dieta familiar.
En cambio, la sal gorda tiene mucho más sentido. Tal vez, mi progenitora ha recibido un soplo de Al Gore acerca de una nueva era de la glaciación y ha decidido acumular sal como para derretir dos océanos. Rite lector pero cuando eso pase nosotros dominaremos el mundo.
Mis abuelos son mucho más prácticos. Ellos inviertene en bolsa. Es decir, guardan todas las de plástico desde la apertura de Galerías Preciados. Su despensa dicta la evolución estética de las cadenas de alimentación patrias. Desde el Pryca al Continente, pasando por Carrefour hasta las más modernas del Mercadona, no hay bolsa que se les resista. Las guardan todas perfectamente dobladas y preparadas para el momento oportuno. Ahora que empiezan a cobrar por ellas en los supermercados mis abuelos comenzaran a hacerse dueños del mercado negro, no lo dudo.
Empieza a crecer un vacío dentro de mí, me hago viejo y no sé lo que almacenar. ¿Dinero bajo la almohada? no, eso ya lo hacen otros ppor aquí ¿Azúcar de caña? No, me he dejado barba pero tampoco soy Fidel. Qué nervios, mi tiempo se acaba y aún no he decidido en que debo focalizar el diógenes que llevo dentro. Oh cielos! Vivo sin vivir en mí.

viernes, 1 de octubre de 2010

Hábitos de consumo

Debe ser deformación profesional. Últimamente me dedico a estudiar los hábitos televisivos de quienes me rodean. La primera en pasar por mi ficticio buró de psicoanálisis ha sido mi abuela: Un individuo de sexo femenino, 85 años, requetefán de la Princesa del pueblo y con un aguante frente a la pantalla muy por encima de la media nacional.
La paciente presentó unos horarios bastante estrictos en la elección de los programas a visionar. En primer lugar, a las doce de la mañana, su dedo tuvo a bien pulsar el número que nos llevó a Popular TV, la televisión en la que nunca se verá un anuncio del Jess Extender. "Todos los días oigo la misa en ésta cadena", comentó mi entusiasmada abuela (¿Alguien sabe porque las misas sólo se oyen y no se ven?).
Después de que el sacerdote nos dejara ir en paz de aquella eucaristía, que a mí se me hizo interminable porque mi abuela coreó cual holligan de Jesucristo todos los cánticos de la afición, la paciente decidió dar un giro inesperado a lo que yo llamaría infierno pero a lo que ella llamó "Hombres, mujeres y viceversa". La cosa se explica fácil: una silla a la que llaman trono, una mujer o un hombre sentados sobre ella y 15 licenciados en historia del arte pugnando por hacerse con los favores carnales del tronista. Es divertibérrimo, lo reconozco: Se representan pantomimas dignas de ValleInclán, se citan a grandes poetas, se despliega una educación exquisita... y todo en pos del amor verdadero.
El torrente de buenrollismo generado por el empacho amoroso nos llevó, en la misma cadena, a lo que la paciente llamó "El juicio" (pronúnciese con voz de doblador puertorriqueño),pero que en realidad se llama "De buena ley". El espacio es una especie de "Diario de Patricia" pero con toga.
En esas estábamos cuando mi abuela me dió un respiro. Cambió a Noticias Cuatro y juntos vimos como, auspiciados por la huelga general, cientos de antisistemas asaltaban un H&M en Barcelona. La paciente me espetó: "Hijo, y esto por qué lo hacen"... como no sabía explicar por qué aquellos perroflautas robaban pantalones que sólo le caben a niñas de 15 años y a Coque Malla le dije que volviera a Telecinco. Allí, tanto ella como yo, estamos a salvo de pensamientos.
No se recogieron más datos hasta la tarde noche porque la paciente se echó la siesta. Retomamos nuestra sesión con "Pasapalabra". Si mi abuela cree que los concursantes de éste programa son superhombres con cerebros biónicos ¿Qué hará cuando descubra Saber y ganar?... El caso es que los invitados al programa eran Bibí Andersen, Ángel Lláser (el infame director de la Academia de OT) y Bimba Bosé. Vamos, lo que viene siendo un festival de lo ambiguo. La paciente me conminó a participar en el programa. "Nene, tienes que ir que tú tienes estudios", me dijo. Se lo perdonamos, ella cree que los periodistas somos como ingenieros.
Finalmente la noche acabó en Antena 3 con un programa especial sobre la vida turbia de la Pantoja, que es como cualquier programa sobre la Pantoja pero desenfocado. Aunque tengo que tener una segunda sesión con la paciente porque quiero estudiar por qué mi abuela se confunde con los nombres de sus nietos pero se sabe al dedillo el de todos los tertulianos, pude sacar dos conclusiones. La primera es que mi abuela empieza siempre con la misa por lo pecadora que se vuelve con un mando a distancia. La segunda es que cuando Arquímedes dijo "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" todavía no existían Telecinco, Cándido Méndez, ni la Pantoja.