sábado, 2 de octubre de 2010

Acumulo vejez

Nos negamos a reconocerlo, nos estamos haciendo viejos. En mi caso, la primera señal es que me estoy convirtiendo en un hipocondriaco. Ayer, buscando un hostal en Munich, la página web me preguntó con cuántos bultos pensaba viajar y tuve que pasarme 45 minutos palpándome los testículos. No es sólo eso, últimamente veo gérmenes en todas partes. En los niños bonachones que lloran en los parques, en los flyers de la Ofrenda (donde más en los flayers de la Ofrenda), en los alimentos de cualquier tipo.... hasta en los gérmenes veo gérmenes más pequeñitos que a su vez se dejan frotar por gérmenes mucho más pequeñitos. ¿Soy el único que piensa que hay pocas cosas más desagradables que un estornudo en un ascensor? Antes tampoco es que fuera lamiendo la barra del metro a troche y moche, pero me estoy convirtiendo en un "rarito".
La segunda señal inequívoca de que voy cuesta abajo en la pendiente de los años es que ayer por la noche llamé a mis padres para ver dónde estaban. El caso es que ni siquera eran más de las diez y media pero no habían aparecido en unas cuantas horas por casa y empezaba a ponerme nervioso. Es más, el otro día mi madre me hizo una perdida para que le llamase y, lo que es peor, me mandó un sms recortando letras. Ésta vez fui yo el que no entendió nada.
A pesar de que voy asumiendo mi proceso de envejecimiento estoy preocupado. Aun no tengo claro que pienso acaparar a partir de ahora. Llegados a una edad siempre hay un producto que almacenamos como si fuera a venir una guerra nuclear. En mi casa son las latas de atún y la sal gorda. Y no sé vosotros, pero yo ya me imagino al tirano de turno diciendo: "hay que exterminar a los judíos, a los inútiles y a los Torres, que son los dueños de todas las reservas mundiales de atún Hacendado". Es cierto que son recurridas, van de tres en tres y tienen abrefácil, pero más allá de eso no encuentro lógica a la compra compulsiva de este bien preciado. O mi madre ha encontrado alguna fórmula infalible para convertir el aceite de girasol en un potente combustible, o algo falla en la dieta familiar.
En cambio, la sal gorda tiene mucho más sentido. Tal vez, mi progenitora ha recibido un soplo de Al Gore acerca de una nueva era de la glaciación y ha decidido acumular sal como para derretir dos océanos. Rite lector pero cuando eso pase nosotros dominaremos el mundo.
Mis abuelos son mucho más prácticos. Ellos inviertene en bolsa. Es decir, guardan todas las de plástico desde la apertura de Galerías Preciados. Su despensa dicta la evolución estética de las cadenas de alimentación patrias. Desde el Pryca al Continente, pasando por Carrefour hasta las más modernas del Mercadona, no hay bolsa que se les resista. Las guardan todas perfectamente dobladas y preparadas para el momento oportuno. Ahora que empiezan a cobrar por ellas en los supermercados mis abuelos comenzaran a hacerse dueños del mercado negro, no lo dudo.
Empieza a crecer un vacío dentro de mí, me hago viejo y no sé lo que almacenar. ¿Dinero bajo la almohada? no, eso ya lo hacen otros ppor aquí ¿Azúcar de caña? No, me he dejado barba pero tampoco soy Fidel. Qué nervios, mi tiempo se acaba y aún no he decidido en que debo focalizar el diógenes que llevo dentro. Oh cielos! Vivo sin vivir en mí.

2 comentarios:

  1. Almacena Matusalen para cuando te vea me puedas invitar!!

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  2. Mira que te dije que te fueses a Benalmádena, que hay alemanes pa'aburrir. y tú, nada, a Berlín.

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