viernes, 1 de octubre de 2010

Hábitos de consumo

Debe ser deformación profesional. Últimamente me dedico a estudiar los hábitos televisivos de quienes me rodean. La primera en pasar por mi ficticio buró de psicoanálisis ha sido mi abuela: Un individuo de sexo femenino, 85 años, requetefán de la Princesa del pueblo y con un aguante frente a la pantalla muy por encima de la media nacional.
La paciente presentó unos horarios bastante estrictos en la elección de los programas a visionar. En primer lugar, a las doce de la mañana, su dedo tuvo a bien pulsar el número que nos llevó a Popular TV, la televisión en la que nunca se verá un anuncio del Jess Extender. "Todos los días oigo la misa en ésta cadena", comentó mi entusiasmada abuela (¿Alguien sabe porque las misas sólo se oyen y no se ven?).
Después de que el sacerdote nos dejara ir en paz de aquella eucaristía, que a mí se me hizo interminable porque mi abuela coreó cual holligan de Jesucristo todos los cánticos de la afición, la paciente decidió dar un giro inesperado a lo que yo llamaría infierno pero a lo que ella llamó "Hombres, mujeres y viceversa". La cosa se explica fácil: una silla a la que llaman trono, una mujer o un hombre sentados sobre ella y 15 licenciados en historia del arte pugnando por hacerse con los favores carnales del tronista. Es divertibérrimo, lo reconozco: Se representan pantomimas dignas de ValleInclán, se citan a grandes poetas, se despliega una educación exquisita... y todo en pos del amor verdadero.
El torrente de buenrollismo generado por el empacho amoroso nos llevó, en la misma cadena, a lo que la paciente llamó "El juicio" (pronúnciese con voz de doblador puertorriqueño),pero que en realidad se llama "De buena ley". El espacio es una especie de "Diario de Patricia" pero con toga.
En esas estábamos cuando mi abuela me dió un respiro. Cambió a Noticias Cuatro y juntos vimos como, auspiciados por la huelga general, cientos de antisistemas asaltaban un H&M en Barcelona. La paciente me espetó: "Hijo, y esto por qué lo hacen"... como no sabía explicar por qué aquellos perroflautas robaban pantalones que sólo le caben a niñas de 15 años y a Coque Malla le dije que volviera a Telecinco. Allí, tanto ella como yo, estamos a salvo de pensamientos.
No se recogieron más datos hasta la tarde noche porque la paciente se echó la siesta. Retomamos nuestra sesión con "Pasapalabra". Si mi abuela cree que los concursantes de éste programa son superhombres con cerebros biónicos ¿Qué hará cuando descubra Saber y ganar?... El caso es que los invitados al programa eran Bibí Andersen, Ángel Lláser (el infame director de la Academia de OT) y Bimba Bosé. Vamos, lo que viene siendo un festival de lo ambiguo. La paciente me conminó a participar en el programa. "Nene, tienes que ir que tú tienes estudios", me dijo. Se lo perdonamos, ella cree que los periodistas somos como ingenieros.
Finalmente la noche acabó en Antena 3 con un programa especial sobre la vida turbia de la Pantoja, que es como cualquier programa sobre la Pantoja pero desenfocado. Aunque tengo que tener una segunda sesión con la paciente porque quiero estudiar por qué mi abuela se confunde con los nombres de sus nietos pero se sabe al dedillo el de todos los tertulianos, pude sacar dos conclusiones. La primera es que mi abuela empieza siempre con la misa por lo pecadora que se vuelve con un mando a distancia. La segunda es que cuando Arquímedes dijo "dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" todavía no existían Telecinco, Cándido Méndez, ni la Pantoja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario