miércoles 3 de noviembre de 2010

Remedios electorales

Nadie ha determinado muy bien el orígen de la sífilis en Europa. Se especula que alguno de los marineros que regresaron junto a Cristobal Colón de su viaje por las indias pudo traer la enfermedad. Los portugueses (Portugal es un país que queda más o menos a la izquierda de Valencia de Alcántara y abajo de Santa Tecla ) la llamaban "el mal español", los españoles "el mal napolitano" y Esperanza Aguirre la conoce como "Rubalcaba". Sea como fuere la irrupción en 1497 de una gran epidemia en Nápoles trajo consigo una alocada carrera médica por encontrar una cura a la enfermedad.
Como en toda carrera se dieron palos de ciego. Alguna mente privilegiada dedujo que lo mejor para luchar contra la sífilis era someter al paciente a un tratamiento con mercurio. Con la mentalidad del siglo XXI podría pensarse que la propuesta era como atar perros con longaniza, pero en siglo XVI aquello triunfó como Norma Duval en el hogar del Pensionista de Calasparra. Y aunque el remedio mató a mucha más gente que el virus en sí, gracias a él se acuñó la frase de "Una noche con Venus y toda la vida con Mercurio".
Obama no tiene la sífilis, pero cuando Jorgito Bush gobernaba el mundo la cantinela del "Yes, We can" sonaba a una deliciosa tarde-noche-madrugada y desayuno con Venus. Todo ello sin pagar. Sin embargo, la historia es más o menos la misma. Nadie sabe muy bien de dónde vino el virus de la crisis. Chávez dice que la culpa la tiene el Imperio, Rajoy que la sanidad y enseñanza pública, el Marca que Benzema. El caso es que alguna mente privilegiada estadounidense propuso la creación del Tea Party como remedio a todos los males. Y, aunque así de primeras parece que es como poner a un ladrón a vigilar la caja fuerte, la idea ha calado hondo en el electorado estadounidense.

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