sábado, 5 de febrero de 2011

Régimen octagenario

"Hay gente en la calle con palos y piedras. No salgas a la calle que le están pegando a los periodistas"... "Mamá, eso es Egipto y tu nieto está en Madrid", intuí que decía mi padre tras el teléfono. Es normal, hace tiempo que no me ve y ella no sabe lo lejos que queda de ésta ciudad la revolución. "Ya me extrañaba a mí tanto moro", apostilló tras darse cuenta de su error. De todos modos, no hizo más que demostrar que a la buena mujer le pone la pila la información internacional. Y es que, ella, está familiarizada con régimenes autoritarios.
Recuerdo, por ejemplo, como descubrí lo que singinifcaba la censura en aquellas mañanas estivales de domingo cuando todavía no existía internet. Uno cogía la revista Pronto, a la que mi abuela más que suscrita está afiliada, y buscaba las páginas donde se colaba un topless de Marta Sánchez o el pezón inquieto de Lidia Bosch en una playa de Marbella. Era agotador ver como mi abuela había repasado todas las páginas boli en mano para pintar bikini a todos los pechos turgentes que la naturaleza calurosa había aireado.
Otro de los puntos que tiene en común con los tiranos es la sofisticada elaboración de una lista negra en la que caben personajes como: Zapatero, Chenoa o el marido de Belén Esteban. Pero si hay alguien que copa esa lista negra, y a la que mi abuela no dudaría en eliminar, esa es: "La mujer que cuando llamo a tu casa siempre me dice que no estáis disponibles". Exacto, ella cree que mis tías tienen a una señora sentada en la silla del cuarto de estar presta a contestar el teléfono tras cinco tonos para decirle a mi abuela que no van a responder al teléfono. "Chico, la tengo aborrecía", insiste.
El espionaje y el mimetismo son otros de sus puntos fuertes. Me quedé anodadado estas navidades cuando ví que mi abuela usa palestino, que es como si Fraga usara camisetas del Ché. Aunque su familiaridad con los jóvenes aintisistema a veces le juega malas pasadas. Una vez fue a la frutería y pidió porros en vez de puerros. Lo cual provocó la risa de los asistentes y el cabreo de la cabeza de familia. Es igual, ella es así y la queremos.
Yo sólo digo una cosa: Mubarak, si quieres un consejo, deja a Obama y aprende de mi abuela María. Ella lleva 85 años manejando su régimen con mano de hierro y aun no se le ha oxidado ni un ápice de su poder.